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Flirtear, un pasadizo secreto en Internet

Flirtear es el sí y el no. Es el límite entre el atrevimiento y lo imposible. Tiene lugar muchas veces en las oficinas o con los vecinos, en la calle cuando vamos en transporte público o incluso en tiendas de ropa o librerías. También lo hacemos en Internet, en las páginas de citas como forodating.com

Puede tener lugar en la playa o en una discoteca; en un concierto o reunión de viejos amigos a la que acude también un grupo de desconocidos. Es una ocasión en la que lo que parece no es, aunque puede que sí sea. El terreno es algo ambiguo. Jabonoso. Puede durar unos pequeñísimos segundos o puede que se extienda por unos cuantos minutos.

En cualquier caso es fácil caer en el juego. Tiene su parte seductora. Un lado amable y perverso también, un rincón elegante que está bien disfrazado, hecho de preguntas y respuestas. De gestos y posturas cuya finalidad es pasarlo bien sin decir que uno lo está pasando bien o se encuentra a gusto con aquella persona.

Son infinitos los lugares donde puede surgir la ocasión para flirtear. Pero eso sí: mutuas deberán ser las señales de entendimiento.
Hay gente que se dedica a flirtear porque su naturaleza así lo exige: chicas sobre todo aquellas que no están interesadas en salir de la burbuja que se han fabricado. Les encanta sentirse así: idolatradas por el sexo opuesto y ellas subidas a un pedestal de donde nadie consigue hacerlas descender. Aunque suele pasar que al final: siempre un perro salvaje sea quien las muerde y arroja a la ciénaga del placer y el deseo.

En el caso de los chicos también pasa. Incluso aquellos que tienen pareja. Entra al juego, la noche además favorece a todas las ocasiones posibles. A todos los instintos que a medidas se dejan ver.
Porque es el terreno que no tiene otro nombre: flirtear y aunque a veces avergüenza es un aliciente para la seguridad en las personas. Es el primer paso. El despertar. El lugar donde las primeras sensaciones de proximidad entre una persona y otra se ven favorecidos.
Existe gente que rechaza el hecho de flirtear. Están en contra. No les parece bien intercambiar un número mayor de palabras por temor a poner en riesgo su reputación o el vínculo sólido que mantiene con una pareja.

En cualquier caso la soledad del momento es imprescindible para que surja la ocasión. Pero chicos y chicas no os preocupéis que flirtear muchas veces se disfraza de educación, cortesía, sonrisas y amabilidad. Es correrse en silencio, mirando a la otra persona. Deseándola en secreto sin esperar que surja nada más. Puede pasar y desde luego puede también que no ocurra nada. Que nos estemos montando una película completamente ajena a lo que viene ocurriendo.
Hay que tener mucho cuidado y mano izquierda. Saber con quién, en cualquier caso es una señal. Una advertencia. Un pasadizo secreto donde solamente caben dos.